Cuando el Gran Premio Mobil Delvac de Tractomulas nació en 1988 -se llamaba Concurso Nacional de Tractomulas- se habló con insistencia de los Sánchez, Riaño, Ferro, Bernal, Ramírez, Carrillo y Martínez, reconocidos apellidos como los pioneros de ‘esta locura’ de meter unos vehículos enormes y ruidosos a un autódromo, como si se tratara de veloces bólidos protagonistas de una competencia de gran aliento de las que ya se hacían en varios escenarios del mundo. Unos años después comenzaron a aparecer apellidos que le aportaron una dinámica diferente y fueron creando un relevo generacional que ya está en su tercer proceso y muy cerca del cuarto.
Entonces aparecieron los Guío, Grimaldo, Galindo, Chávez, Gil, Cuervo, Pedraza, Pantoja, Pérez motivados por sus familias, que se encargaron de dar ese salto del cual ya se habla y que puso en la pista nuevas generaciones boyacenses, bogotanas y cundinamarqueses y, de alguna manera se apoderaron de los títulos en juego. En pocos apellidos se concentran muchos logros y bastantes reconocimientos, siendo Boyacá el de mayor recaudo en estos 35 años del GP Mobil Delvac.
En ese aspecto el GP ha promovido a familias completas de todo el país y ha logrado que este legado haya pasado de generación en generación, en muchos casos con honores.